¿Sabías que el 98 % de todos los niños nacen con pies sanos? Pero a lo largo de la vida, calzamos a los niños con zapatos que están mal diseñados o simplemente no se ajustan a la forma de sus pies. Suelas gruesas, tacones altos y estrechez en la zona de los dedos deforman los dedos y limitan los pies.
Al elegir calzado que imita la caminata descalza, damos a los pies lo que anhelan: libertad.
Fisioterapeutas y pediatras coinciden en que para un desarrollo sano y normal de los pies, el mejor calzado es el descalzo, que permite a los pies moverse de la misma manera que si caminaran descalzos.
Ya Leonardo da Vinci dijo que los pies humanos son una obra maestra de ingeniería, pero normalmente solo valoramos su importancia cuando ocurre una lesión. Algunas irregularidades en el desarrollo de los pies son congénitas, mientras que otras se deben a calzados inapropiados. Los padres, por desconocimiento, calzan a sus hijos con zapatos usados, imponiendo patrones de marcha incorrectos y contribuyendo a que adquieran patrones de movimiento de baja calidad.
Con la intención de que el calzado dure más, los padres a menudo compran zapatos demasiado grandes o insisten en que sean demasiado pequeños. Esto limita al niño y lo aleja de actividades adecuadas. Hoy en día, en el ámbito profesional hay un énfasis creciente en posturas respaldadas por investigaciones científicas que refutan completamente la antigua creencia de que un niño necesita calzado duro con tacón alto y arco plantar soportado para un desarrollo correcto del pie. Si queremos permitir un desarrollo lo más correcto y fluido posible del pie del niño, debemos dejar el pie lo más libre posible.
Un soporte excesivo a los músculos no es beneficioso, ya que los debilita y limita el movimiento.
Las investigaciones han confirmado que el soporte del arco plantar en un pie infantil normalmente desarrollado no tiene efectos positivos, ya que el niño debe construir los arcos muscularmente. Esto significa cargando el pie, soportando el peso, manteniendo el equilibrio y poniéndose de puntillas. Por eso, el calzado debe ser lo más suave y cómodo posible, con suela plana, blanda y flexible, y el talón no demasiado alto ni rígido. Al elegir el primer calzado, debemos tener en cuenta que su función principal es proteger del frío y evitar resbalones al ponerse de pie.


